Silencio
Aurelio Arturo
SILENCIO
cubren los cuerpos como sordos musgos
en la noche, en la sombra
bordadora
de terciopelos hondos y olvidos.
Oros rielan el cielo como picos
de aves que se abatieran en bandadas,
negra comba incrustada de oros
vivos,
sobre aquel gran silencio de cadáveres.
Y así solo, salvado de
la sombra,
junto a la biblioteca donde vaga
rumor de añosos troncos, oigo
alzarse
como el clamor ilímite de un valle.
Ronco tambor entre la noche
suena
cuando están todos muertos, cuando todos,
en el sueño, en la muerte,
callan llenos
de un silencio tan hondo como un grito.
Róndeme el sueño de
sedosas alas,
róndeme cual laurel de oscuras hojas
mas oh el gran huracán de los
silencios
hondos, de los silencios clamorosos.
Y junto a aquel vivac de
viejos libros,
mientras sombra y silencio mueve, sorda
la noche que simula una
arboleda,
te busco en las honduras prodigiosas,
ígnea, voraz, palabra
encadenada.
cubren los cuerpos como sordos musgos
en la noche, en la sombra
bordadora
de terciopelos hondos y olvidos.
Oros rielan el cielo como picos
de aves que se abatieran en bandadas,
negra comba incrustada de oros
vivos,
sobre aquel gran silencio de cadáveres.
Y así solo, salvado de
la sombra,
junto a la biblioteca donde vaga
rumor de añosos troncos, oigo
alzarse
como el clamor ilímite de un valle.
Ronco tambor entre la noche
suena
cuando están todos muertos, cuando todos,
en el sueño, en la muerte,
callan llenos
de un silencio tan hondo como un grito.
Róndeme el sueño de
sedosas alas,
róndeme cual laurel de oscuras hojas
mas oh el gran huracán de los
silencios
hondos, de los silencios clamorosos.
Y junto a aquel vivac de
viejos libros,
mientras sombra y silencio mueve, sorda
la noche que simula una
arboleda,
te busco en las honduras prodigiosas,
ígnea, voraz, palabra
encadenada.
De «Morada al Sur» (1963)