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Qué noche de hojas suaves

Aurelio Arturo

QUé NOCHE DE HOJAS SUAVES

Qué noche de hojas suaves y de sombras
de hojas y de sombras de tus
párpados,
la noche toda turba en ti, tendida,
palpitante de aromas y
de astros.
El aire besa, el aire besa y vibra
como un bronce en el límite
lontano
y el aliento en que fulgen las palabras
desnuda, puro, todo
cuerpo humano.
Yo soy el que has querido, piel sinuosa,
yo soy el que tú sueñas,
ojos llenos
de esa sombra tenaz en que boscajes
abren y cierran
párpados serenos.
Qué noche de recónditas y graves
sombras de hojas, sombras de tus
párpados:
está en la tierra el grito mío, ardiendo,
y quema tu
silencio como un labio.
Era una noche y una noche nada
es, pregona en sus cántigas el viento:
aún oigo tu anhelar, tu germinar melódico
y tu rumor de dátiles al
viento.
Y he de cantar en días derivantes
por ondas de oro, y en la noche
abierta
que enturbiará de ti mi pensamiento,
he de cantar con voz de
sobra llena.
Qué noche de hojas suaves y de sombras
de hojas y de sombras de tus
párpados,
la noche toda turba en ti, tendida,
palpitante de aromas y
de astros.
De «Morada al Sur» (1963)